ESCUCHAR EL COLOR

Plantearse el color de nuestro packaging, de las formas que lo acompañan, del efecto que queremos causar más allá de las clasificaciones formales a las que estamos acostumbrados…

Cuando Alfred Hitchcock decidió rodar Psicosis en blanco y negro, le preguntó a su compositor de cabecera Bernard Herrmann como se podría trasladar el blanco y negro a la música para enfatizar el suspense y el terror psicológico.

Herrmann resolvió el reto componiendo una de las mejores bandas sonoras de la historia del cine. Música en blanco y negro.

La BS de Psicosis se compuso únicamente con violines, violas, chelos y contrabajos, gestionando los matices, los graves y agudos de manera magistral, igual que el cineasta gestionaba el claro oscuro de la fotografía, construyendo escenas icónicas que todavía hoy podemos recordar claramente.

La relación entre música y color viene desarrollándose desde los tiempos en que el arte abstracto comienza a desarrollarse; lejos de la típica idea de intentar adivinar que representa un trazo o una mancha en un lienzo, una vez despojado de toda forma, el color hay que “escucharlo” y las relaciones que se producen en nuestra mente son parecidas al ver un rojo vibrante o al escuchar ciertas notas musicales.

Todos hemos oído hablar de la sinestesia alguna vez, esa capacidad de asociar objetos o sensaciones a un determinado color. También está muy de moda la cromoterapia, que le otorga a los colores poderes curativos por las influencias emocionales que éstos tienen sobre las personas.

COLOR Y COMERCIO

¿Y en publicidad? en publicidad y mercadotecnia la codificación de los colores ha sido tan agresiva que, bueno, por mucho que digan que el verde es un color sedativo, que fortifica la vista, y equilibra las emociones, si metemos a un grupo de hombres entre 20 y 40 años en una habitación toda iluminada de verde, deben existir muchas probabilidades de que su percepción de esa “cromoterapia” sea las ganas irresistibles de tomarse una cerveza.

Estamos acostumbrados, y programados, a utilizar el color para catalogar o categorizar los productos: femenino o masculino, niños o adultos, lujo o asequible, ecológico, bajo en grasas…, y un largo etcétera. Luego tenemos también las típicas clasificaciones emocionales de los colores: “el rojo transmite sensualidad y energía. Ideal para el deporte, la política, la mecánica, el mundo de la inmobiliaria, pero también para productos eróticos, textiles, moda, etc.”

LA GLOBALIZACIÓN DEL GUSTO

Esto ha contribuido en gran parte a la llamada globalización del gusto, las marcas y los productos cada vez se parecen más entre si y de manera global.

Antes viajábamos y todo nos resultaba curioso, hoy en cambio todo nos es familiar, los centros comerciales de todas las grandes ciudades están dispuestos de la misma manera, con la misma imagen… Se dice que la decisión de compra se hace en tan solo unos segundos en el punto de venta, y en esa lucha por destacar en las góndolas quizá estemos llegando al “punto de saturación” de lo que las personas somos capaces de asimilar.

Peter Brabec, antiguo director ejecutivo del Grupo Nestlé, decía que “en los tiempos tecnocráticos e incoloros las marcas ofrecían más familiaridad, calidez y confianza”, también habían muchísimas menos marcas e información, pero si es verdad que hoy en día el excesivo “vestuario” , “discurso” y competitividad de algunas marcas solo logran sembrar duda e inseguridad en el consumidor.

Hoy está al alcance de todo el mundo ver in streaming, en crónicas on line de moda, en Instagram, blogs etc, las semanas de la moda de Paris, Milan, Nueva York… con sus colecciones primavera – verano 2015, antes casi que la colección otoño – invierno 2014 esté en las tiendas. Esto, entre otros factores, hace que el consumo del diseño, de las tendencias, en cualquier sector, sea cada vez más rápido, más fugaz, menos disfrutado, menos aprehendido.

En ese “todo” que forma una marca, es necesario retomar y reflexionar sobre aquellos mensajes que enviamos a nuestros consumidores a través del diseño y del uso del color. Plantearse el color de un producto, el color de nuestro packaging, de las formas que lo acompañan, del efecto que queremos causar más allá de las clasificaciones formales a las que estamos acostumbrados…

“Apropiarse” de un color de la manera que lo han hecho marcas como Heineken, Tiffany o Coca Cola no es cosa del destino, es trabajo, es planteamiento, es constancia y es inversión.

Los colores son muy viejos y muy sabios, saben renovarse cada día y darnos infinitas posibilidades, escuchémoslos.


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